Un sismo de magnitud 7,7 en Panamá liberó energía acumulada en cerca de cien años en la falla Azuero-Soná, sin causar fallecidos pero sí más de 2.000 infraestructuras dañadas.
El terremoto, ocurrido el viernes con epicentro en la península de Azuero, fue registrado con magnitud 7,5 por el Instituto de Geociencias de la Universidad de Panamá y 7,7 por el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), según informó el director del instituto, Néstor Luque. El sismo provocó aproximadamente una treintena de heridos leves, pero generó daños en más de 1.280 viviendas, 619 escuelas, 60 edificios gubernamentales, 44 iglesias, 24 centros de salud, 11 hoteles y múltiples vías y puentes, especialmente en la región suroeste del país.
Dato clave: Hasta la mañana del lunes se habían registrado cerca de 350 réplicas, con magnitudes decrecientes y mayor separación temporal.
Luque destacó que el evento es comparable en energía liberada al sismo de 1913 (magnitud 6,9), ambos dentro del rango típico de la falla Azuero-Soná. Aunque el movimiento liberó una cantidad significativa de energía acumulada durante aproximadamente un siglo, el geólogo advirtió que no se puede descartar con certeza la ocurrencia futura de sismos similares, ya que la actividad telúrica no es predecible. Panamá se ubica sobre una microplaca conocida como bloque de Panamá, rodeada por las placas del Caribe, Coco, Nazca y Sudamérica, lo que la coloca en una zona de alta actividad sísmica. Además, Luque señaló que fallas cercanas a la Ciudad de Panamá podrían generar terremotos de hasta magnitud 7, lo que representaría un riesgo para edificaciones anteriores a los años 80, cuando comenzaron a aplicarse normas sismorresistentes.
Contexto
El gobierno panameño ha ordenado la revisión urgente de infraestructuras críticas —como escuelas, hospitales, estadios y puentes— para evaluar su resistencia sísmica y determinar si requieren refuerzos estructurales. Aunque el sismo no dejó fallecidos, su impacto fue significativo en zonas rurales de Azuero, donde predomina una población envejecida y dependiente de la agricultura y ganadería. La situación ha reavivado el debate sobre la resiliencia urbana y la necesidad de actualizar normas de construcción, especialmente tras la ampliación del Canal de Panamá, que incluyó estudios geológicos detallados sobre riesgos sísmicos en la región metropolitana.
¿Qué sigue?
Las autoridades mantienen monitoreo constante de las réplicas, cuya frecuencia y intensidad van disminuyendo progresivamente, aunque podrían prolongarse por varios días. Se prevé que los equipos técnicos continúen inspeccionando infraestructura vulnerable y que se fortalezcan los protocolos de respuesta ante emergencias, especialmente en comunidades rurales. El experto subrayó que la preparación ante desastres es un proceso continuo que exige compromiso institucional y educación ciudadana a largo plazo.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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