La Municipalidad de Buenos Aires recibió la documentación formal para la concesión del primer ferrocarril subterráneo de la ciudad, con una inversión inicial garantizada de 600 mil pesos y una construcción escalonada en dos fases.
En 1926, se confirmó mediante cable la remisión a la intendencia y al consejo municipal de los planos, plazos y recursos financieros necesarios para llevar a cabo el proyecto del metro capitalino. La concesión exige un depósito de 600.000 pesos como garantía y contempla la ejecución de cuatro líneas: las dos primeras en 3,5 años y las restantes en otros cinco años más. Todo el sistema operará con vías dobles y contará con escaleras mecánicas en las estaciones, manteniendo una tarifa fija de diez centavos.
Dato clave: La inversión inicial de 600.000 pesos y la duración total de ocho años para completar las cuatro secciones del sistema subterráneo.
Este proyecto representaba un hito en la modernización urbana de Buenos Aires, al incorporar tecnologías avanzadas para la época como las escaleras automáticas y la doble vía, lo que anticipaba un crecimiento acelerado del transporte colectivo. En un contexto de expansión demográfica y económica de la capital, la necesidad de descomprimir el tráfico terrestre y conectar zonas emergentes con el centro histórico era urgente. La iniciativa también reflejaba la confianza de inversores privados en el potencial de la ciudad, aunque generó debates sobre la regulación pública y el costo-beneficio para los vecinos.
Contexto
Análisis: La iniciativa surgió tras años de estudios técnicos y negociaciones entre autoridades municipales y empresas extranjeras especializadas en infraestructura ferroviaria. Si bien el proyecto fue pionero en América Latina, su ejecución se vio afectada por tensiones políticas y ajustes presupuestarios posteriores. La sociedad civil expresó apoyo por el avance tecnológico, aunque sectores conservadores cuestionaron el impacto estético y la viabilidad económica a largo plazo. El sector inmobiliario, en cambio, celebró la valorización esperada de propiedades en las zonas conectadas por la nueva red.
¿Qué sigue?
La aprobación definitiva del proyecto depende de la validación técnica de los planos por parte del consejo municipal y de la formalización del contrato con la concesionaria. Se prevé que, una vez iniciadas las obras, el primer tramo entre Plaza de Mayo y Plaza del Congreso entre en operación hacia 1930. Este hito no solo transformaría la movilidad urbana, sino que sentaría las bases para una red metropolitana que, décadas después, se convertiría en el corazón del sistema de transporte de la ciudad.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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