En 1926, la Liga de las Naciones impulsó la creación de un archivo cinematográfico internacional para preservar obras de valor histórico y artístico, en un esfuerzo por usar el séptimo arte como herramienta de educación y diplomacia.
En la Universidad de la Sorbona de París, más de 200 delegados —predominantemente franceses y alemanes, con una minoría estadounidense— se reunieron bajo la égida de la Liga de las Naciones para debatir cómo la cinematografía podía contribuir al progreso mundial. Entre los temas centrales de la conferencia destacó la propuesta de establecer un archivo cinematográfico global que albergara películas consideradas obras maestras y documentos históricos.
Dato clave: La iniciativa buscaba reunir en un solo repositorio internacional las películas con mayor relevancia cultural, artística y documental.
Esta propuesta se inscribía en un contexto más amplio de internacionalismo cultural de entreguerras, cuando organismos multilaterales buscaban mecanismos para fomentar la paz mediante el intercambio de conocimientos y valores. La cinematografía, aún en pleno auge tecnológico y artístico, era vista como un medio poderoso para difundir ideas, educar a las masas y construir una identidad visual compartida. Aunque la tecnología de la época limitaba la distribución y conservación de las cintas, la idea reflejaba una visión anticipada de lo que hoy conocemos como patrimonio audiovisual.
Contexto
La conferencia de la Sorbona ocurrió en un momento clave: tras la Primera Guerra Mundial, la Liga de las Naciones intentaba reforzar los lazos entre naciones mediante iniciativas no militares. La película, como producto de la modernidad, simbolizaba tanto el progreso como el peligro de manipulación ideológica —un doble filo que los delegados debatieron con cautela. Mientras algunos países veían en el cine una herramienta de propaganda, otros abogaban por su uso como instrumento pedagógico y de memoria colectiva. La iniciativa tuvo apoyo de intelectuales y cineastas europeos, aunque su implementación práctica se vio frenada por las tensiones políticas de los años treinta.
¿Qué sigue?
Aunque el archivo propuesto no se concretó en la década de 1920 debido a las crisis geopolíticas posteriores, la idea sembró las bases para futuras instituciones como la UNESCO y su Programa Memoria del Mundo. Hoy, la preservación del patrimonio audiovisual es una prioridad global, y archivos como los de la Cinemateca Francesa o la British Film Institute heredan ese legado visionario.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
Español
English (United Kingdom)