La crítica al modelo educativo peruano destaca que las universidades priorizan la admisión sobre la retención, mientras que en EE.UU. se asume la responsabilidad del éxito estudiantil como indicador de calidad institucional.
La reflexión surge tras un mensaje de bienvenida de la Universidad de Missouri dirigido a la promoción del 2030, lo que revela una diferencia fundamental: allí los estudiantes se identifican por su año de graduación, no por su año de ingreso —como ocurre en el Perú—, lo que simboliza una concepción distinta de la educación superior.
Dato clave: En el sistema peruano persiste una mentalidad que atribuye el fracaso académico casi exclusivamente al estudiante, con frases como “20 es para Dios, más de 16 para el profesor, y de allí para abajo para los alumnos” que revelan una cultura académica distorsionada.
El autor señala que, en Estados Unidos, la admisión universitaria implica un compromiso explícito de acompañamiento y apoyo para garantizar la titulación en el plazo previsto, sin bajar los estándares, sino adaptando los métodos pedagógicos. En cambio, en el Perú, una vez cancelada la matrícula, la institución abandona la responsabilidad sobre el desempeño del alumno, lo que se traduce en altas tasas de desaprobación y repetición crónica. Esta dinámica no solo prolonga indebidamente las carreras, sino que agobia económicamente a las familias y socava la credibilidad del sistema educativo.
Contexto
Análisis: La persistencia de prácticas pedagógicas obsoletas —como confundir exigencia conhostilidad o celebrar la desaprobación masiva como señal de rigor— revela una crisis de calidad en la educación superior peruana. Las universidades deben auditar sus programas y docentes, implementar sistemas de alerta temprana y tutorías obligatorias, y medir su desempeño no por la cantidad de ingresos, sino por la tasa de titulación oportuna y pertinente. Sin esta transformación, el sistema seguirá generando deserciones, desilusión y una brecha entre formación académica y demandas del mercado laboral.
¿Qué sigue?
Las instituciones educativas deben priorizar políticas de retención basadas en datos, innovación pedagógica y acompañamiento tutorial. La verdadera excelencia universitaria se demuestra no al seleccionar, sino al formar y entregar profesionales competentes en tiempos razonables. Romper el círculo vicioso de la repetición masiva es, en esencia, una cuestión de ética institucional y compromiso con el futuro de los jóvenes.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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