El asesinato del presidente José Balta en 1872 marcó un punto de inflexión en la historia peruana, impulsando a Ricardo Palma a abandonar la lucha armada y dedicarse a forjar la identidad nacional mediante sus “Tradiciones peruanas”.
El 26 de julio de 1872, el presidente José Balta fue asesinado a balazos y bayonetas en el cuartel de San Francisco, en Lima. Horas después, su cuerpo fue exhibido públicamente y luego trasladado a la capilla de Santa Rosa de Viterbo. Al día siguiente, el 27 de julio, los hermanos Tomás y Juan Gutiérrez —acusados del crimen y motivados por oponerse a la llegada al poder de Manuel Pardo— fueron ejecutados sin juicio y colgados de la Catedral de Lima.
Dato clave: En 1872, año del asesinato de Balta, Ricardo Palma, entonces su exsecretario y veterano de múltiples conflictos armados, decidió poner fin a su vida activa y comenzó a redactar las “Tradiciones peruanas”, obra que publicaría en 1872 con su primer volumen.
Palma, quien había sobrevivido al ataque español en el Real Felipe (1866), participado en asaltos presidenciales y sufrido destierros, consideró que la vía armada había llegado a su fin tras la violencia desenfrenada de 1872. A partir de entonces, su misión fue construir el país desde la palabra: recopiló relatos históricos, los adornó con ironía y humor, y creó una narrativa que ayudó a consolidar una memoria colectiva peruana. Sus “Tradiciones” se volvieron lectura obligada en las casas limeñas, y su influencia trascendió generaciones, como lo atestiguan figuras como Julio Ramón Ribeyro, quien le dedicó su famosa frase: “Gracias, viejo socarrón”.
Contexto
La muerte de Balta no fue un hecho aislado, sino el clímax de una crisis política aguda tras la Guerra del Pacífico y la sucesión presidencial. La ejecución sumaria de los hermanos Gutiérrez evidenció la inestabilidad institucional y el uso del terror como herramienta política. En ese escenario, Palma optó por una resistencia civil: la memoria escrita. Su obra no solo preservó hechos históricos, sino que los reinterpretó con una mirada crítica y sarcástica, sentando las bases de una historiografía popular y accesible, alejada del academicismo rígido.
¿Qué sigue?
Este aniversario —el 152º de la muerte de Balta y el 105º de la de Palma— invita a repensar el rol de la palabra en tiempos de desconfianza institucional. En un contexto de fragmentación histórica y manipulación de la memoria, la herencia palmaniana resurge como un modelo: construir país no solo con leyes, sino con relatos que unan, cuestionen y entiendan al Perú en su complejidad.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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