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Rutas pastorales de Mogrovejo LimaTrujilloChiclayoCajamarca17 años en viajes misioneros (1581-1606)

A pocos días del tercer centenario de su canonización (1726-2026), se revalora la figura de Toribio Alfonso de Mogrovejo, arzobispo de Lima (1581-1606), cuya labor pastoral y defensa de los pueblos originarios sigue siendo referente en tiempos de polarización política.

Nacido en Mayorga, España, en 1538, Mogrovejo fue nombrado arzobispo de Lima por Felipe II en 1579 y asumió el cargo en 1581. Lideró la Iglesia peruana durante 24 años, de los cuales 17 los dedicó a extensas visitas pastorales por la costa y sierra norte, promoviendo reducciones indígenas, hospitales, escuelas y adoctrinamiento en lenguas nativas. Fue canonizado el 1 de diciembre de 1726, tres siglos antes de los actuales homenajes.

Dato clave: Durante sus visitas, imponía que los sacerdotes dominaran la lengua indígena en un año, bajo pena de reducirles un tercio de su sueldo.

Su gestión se enmarcó en la tradición de una Iglesia colonial comprometida con la protección de los indígenas y esclavos africanos frente a los abusos de encomenderos y terratenientes. Junto con sus predecesores y sucesores inmediatos —Loayza y Lobo Guerrero—, Mogrovejo estableció los cimientos de una institución eclesiástica con rol activo en la formación del tejido social y jurídico del Virreinato. Su confrontación con el virrey Hurtado de Mendoza, registrada por Ricardo Palma, simboliza la tensión entre el poder civil y la autoridad moral eclesiástica.

Contexto

En un escenario actual marcado por discursos de odio y desconfianza hacia las instituciones, la figura de Mogrovejo —apodado “el Limosnero de Lima” por su austeridad y generosidad— invita a repensar el rol ético de la autoridad. Su legado no es meramente histórico: representa un modelo de liderazgo basado en el servicio, la justicia social y la defensa de los más vulnerables, valores que hoy parecen marginados del debate público. La conmemoración de su canonización ofrece una oportunidad para reflexionar sobre la identidad peruana construida en base a principios cristianos, no solo rituales.

¿Qué sigue?

Las autoridades eclesiásticas peruanas preparan una serie de actos litúrgicos y académicos para conmemorar el tricentenario de su canonización, con énfasis en su legado social. Mientras tanto, su figura revive en iniciativas ciudadanas que promueven la solidaridad y la justicia, recordando que el verdadero poder no se mide en riquezas, sino en la capacidad de aliviar el sufrimiento ajeno.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.