Las lluvias intensas en Piura y Tumbes, con récord para setiembre y caudales triples al normal, marcan el inicio anticipado del impacto del El Niño, poniendo en alerta a más de 8 millones de personas en riesgo alto de inundaciones.
En los últimos días, Piura y Tumbes registraron precipitaciones récord para el mes de setiembre, mientras el río Tumbes alcanzó 147 metros cúbicos por segundo —triple su caudal habitual— y las temperaturas superaron los 36,6 °C. Según el Servicio Nacional de Meteorología e Hidrología (Senamhi), las lluvias intensificarán progresivamente a partir de noviembre, con eventos de mayor magnitud. El Centro Nacional de Estudios Preventivos y Gestión de Riesgos (Cenepred) estima que casi 8 millones de peruanos viven en zonas de alto riesgo por este fenómeno, siendo el norte la zona más afectada.
Dato clave: El 45 % de los 8 millones de personas en riesgo muy alto de inundaciones por El Niño residen en las regiones del norte del país.
La situación en Piura y Tumbes no solo evidencia la vulnerabilidad histórica de estas regiones, sino que también adelanta los desafíos que enfrentarán Lambayeque y La Libertad, donde infraestructura deficiente, asentamientos en zonas de alto riesgo y sistemas de drenaje inadecuados incrementan la exposición a daños. Cada evento pluvial intenso puede colapsar puentes, carreteras y redes de agua, con impactos directos en la economía local, especialmente en el agro, y en la salud pública. Además, la ola de calor asociada al fenómeno representa una amenaza silenciosa: según un estudio del Climate Impact Lab, se proyectan hasta 1.500 muertes adicionales en el Perú para febrero.
Contexto
Las autoridades han reconocido la gravedad del escenario: el ministro de Desarrollo Agrario y Riego, Marco Vinelli, destacó en un foro organizado por El Comercio que el Ejecutivo impulsa medidas de corto y largo plazo, priorizando la protección de vidas, viviendas e infraestructura. No obstante, persiste la crítica por la falta de prevención sostenida en años anteriores. La coordinación entre el Estado central, gobiernos regionales y locales, el sector privado y la sociedad civil debe ser operativa y eficaz, no solo declarativa, para evitar repetir errores del pasado.
¿Qué sigue?
Las próximas semanas serán decisivas para medir la capacidad institucional frente a la intensificación inminente de las precipitaciones. La respuesta debe ser proactiva, con monitoreo constante, evacuaciones preventivas, limpieza de cauces y refuerzo de infraestructura crítica. Si no se actúa con celeridad y unidad, el norte del país corre el riesgo de sufrir una nueva crisis humanitaria y económica, con consecuencias que trascienden sus fronteras.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
Español
English (United Kingdom)