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Carisma vs. CapacidadValentía expresadaCompetencia evaluadaEl riesgo de confundir ambas

La admiración por la postura crítica de un político puede cegar la evaluación de sus capacidades reales para gobernar, convirtiendo su personalidad en una coartada para evadir responsabilidades.

En el actual clima político peruano, algunos líderes han ganado popularidad no por propuestas concretas, sino por su actitud confrontacional contra figuras del establishment. Esta dinámica, aunque legítima como expresión de descontento, genera una peligrosa confusión entre valentía y competencia técnica: el hecho de desafiar autoridades no implica necesariamente disposición ni habilidad para asumir el ejercicio del poder con equilibrio y transparencia.

Dato clave: En encuestas recientes, el 68% de los entrevistados asoció la “autenticidad” de un político con su capacidad para gobernar, sin distinguir entre coherencia ética y eficacia administrativa.

Esta tendencia se profundiza cuando el discurso del dirigente se vuelve repetitivo en su autodefensa: cada acción cuestionable —ya sea una agresión verbal, una decisión arbitraria o una omisión estratégica— es justificada como parte de su “carácter”, lo que desplaza el análisis de sus actos hacia una valoración subjetiva de su personalidad. El resultado es una especie de inmunidad simbólica: los errores ya no se juzgan por sus consecuencias, sino por si “encajan” con la imagen construida de “verdadero opositor”.

Contexto

Este fenómeno resuena especialmente en un entorno de desconfianza institucional generalizada, donde el 72% de los ciudadanos expresa desaprobación hacia la clase política tradicional (Cesep, 2024). En tal escenario, cualquier figura que rompa con el guion esperado —aunque sea por motivos cuestionables— recibe automáticamente una ventaja simbólica. Sin embargo, esta dinámica debilita el escrutinio democrático, al priorizar la narrativa sobre los resultados, y normaliza conductas que, en otros contextos, serían rechazadas como inadecuadas para el ejercicio público del poder.

¿Qué sigue?

Los próximos procesos electorales regionales y municipales pondrán a prueba si esta lógica se mantiene o si los ciudadanos comienzan a exigir propuestas concretas más allá de la postura crítica. La democracia requiere no solo voces disidentes, sino líderes capaces de construir soluciones sostenibles; sin esa distinción, el rechazo al statu quo corre el riesgo de alimentar nuevas formas de liderazgo autoritario disfrazado de autenticidad.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.