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Aprobación y desaprobación presidencial (3 meses)57Aprobación inicial40Aprobación actual25Desaprobación inicial49Desaprobación actualCambio brusco en tres meses

La presidenta Keiko Fujimori registra una caída significativa en su aprobación en apenas tres meses, mientras su gobierno aún no articula acciones concretas frente a desafíos urgentes como la inseguridad y El Niño.

Según datos de Ipsos, la confianza en la gestión presidencial cayó 17 puntos porcentuales —de 57% a 40%— en poco más de un trimestre, mientras la desaprobación subió de 25% a 49%. Este deterioro se produce pese a que las prioridades ciudadanas están claramente definidas: la seguridad, los efectos del fenómeno de El Niño y la recuperación de los ingresos familiares.

Dato clave: La caída de aprobación es de 17 puntos en tres meses, mientras la desaprobación supera por primera vez la mitad de la población (49%).

Las primeras declaraciones de la presidenta generaron expectativas elevadas, pero su gestión no ha logrado traducir los mensajes en políticas visibles ni en resultados tangibles. Los gestos mediáticos, por sí solos, no sustituyen la acción concreta: la promesa de “la fuerza del orden” requiere procesos institucionales en marcha que generen credibilidad. Además, el desafío de El Niño exige una respuesta coordinada del Gabinete, no solo advertencias anticipadas. Fujimori enfrenta el reto de superar su discurso electoral —eficaz en campaña— y adoptar una comunicación de gobierno que equilibre realismo y compromiso.

Contexto

La transición de líder de oposición a presidenta implica una reducción natural del margen de maniobra y de las expectativas ciudadanas. En el Perú, el respaldo inicial tiende a erosionarse rápidamente ante la ausencia de logros visibles, como lo demuestran las tendencias históricas. La oposición, por su parte, no ofrece aún liderazgos alternativos sólidos, lo que deja a la administración Fujimori como único referente de gobierno —y por ende, de responsabilidad— frente a crisis estructurales. La inseguridad y los impactos climáticos son factores que, si no se gestionan con eficacia, podrían acentuar la desconfianza y limitar la capacidad de maniobra política.

¿Qué sigue?

Los próximos meses serán decisivos para demostrar si la administración puede articular respuestas concretas, especialmente en seguridad y gestión del riesgo climático. El Gabinete debe asumir una presencia activa y visible, no solo en comunicados, sino en territorios afectados. Si los resultados no acompañan a las promesas, la brecha entre discurso y gestión podría profundizarse, afectando tanto el apoyo popular como la gobernabilidad.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.