El Perú destina apenas el 0,18% del PBI a I+D, muy por debajo del promedio regional (0,68%) y del 2,7% de la OCDE, lo que limita su capacidad científica y tecnológica.
Según datos recientes, el país cuenta con solo 370 investigadores activos por millón de habitantes, cifra que representa una décima parte de la media de la OCDE y una vigésima parte de Corea del Sur. En paralelo, la inversión pública en ciencia y tecnología se encuentra fragmentada entre múltiples programas nacionales, universidades e institutos, lo que dificulta la coordinación y el monitoreo efectivo, según diagnósticos previos del Banco Mundial y Concytec.
Dato clave: El Perú invierte el 0,18% del PBI en investigación y desarrollo, frente al 0,68% promedio de América Latina y el Caribe y al 2,7% de la OCDE.
Aunque existen iniciativas como PerúCRIS —plataforma del Concytec que integra información sobre investigadores, instituciones y proyectos—, su utilidad depende de la actualización y interoperabilidad de los datos. Sin una base confiable, es difícil identificar capacidades regionales, evitar duplicidades o priorizar temas estratégicos. El canon minero, pese a financiar investigaciones en universidades públicas, no siempre se traduce en equipos, infraestructura o líneas de investigación sostenibles. La inteligencia artificial, alimentada con datos de calidad, podría potenciar la toma de decisiones al mapear grupos de investigación, alinear fondos con necesidades locales y fortalecer la articulación entre actores del sistema científico.
Contexto
La baja inversión en ciencia y tecnología refleja una brecha estructural que impide al Perú y a la región generar conocimiento propio, adaptar tecnologías emergentes y convertirlas en soluciones productivas y sociales. Expertos señalan que la falta de gobernanza integrada, la dispersión de recursos y la escasez de personal calificado obstaculizan la transición hacia una economía basada en el conocimiento. A pesar de contar con investigaciones de calidad internacional, su desconexión y falta de sistematización limitan su impacto colectivo.
¿Qué sigue?
La consolidación de una agenda nacional de ciencia e innovación requiere un marco regulatorio estable, financiamiento previsible y mecanismos de coordinación interinstitucional. La IA, junto con datos abiertos y actualizados, puede servir como herramienta estratégica para alinear esfuerzos, priorizar desafíos nacionales y medir resultados. El reto es pasar de iniciativas aisladas a un ecosistema científico articulado, capaz de responder a las necesidades del país con autonomía y sostenibilidad.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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