La IA no sustituye a Internet, sino que se apoya en su infraestructura; el verdadero desafío para el Perú es construir una capa pública digital robusta para aprovechar ambas tecnologías.
La polémica declaración de Donald Trump, según la cual la inteligencia artificial superará en relevancia a Internet y a la Revolución Industrial, sirve como punto de partida para reflexionar sobre la arquitectura tecnológica del futuro. Aunque la comparación mezcla categorías distintas, pone el foco en cómo se está reconfigurando la cadena de valor digital: desde la capa física (cables, centros de datos) hasta los modelos de IA y sus interfaces, pasando por servicios intermedios como la nube y los protocolos abiertos.
Dato clave: La infraestructura de IA se concentra en pocos países y empresas, que controlan chips, nube y modelos avanzados, mientras Internet se expandió bajo protocolos abiertos y colaborativos.
La metáfora de la “torta helada” ayuda a entender que, al igual que Internet está construido en capas interdependientes —infraestructura física, transporte de datos, protocolos y aplicaciones—, la IA está desarrollando su propia estructura: energía, chips, centros de datos, nube, modelos, agentes autónomos y interfaces. Sin embargo, mientras la red abrió espacio para la innovación descentralizada, la IA se erige bajo una lógica más centralizada, dominada por actores globales. Esto plantea un reto estratégico para el Perú: no basta con acceder a herramientas de IA si no se construye una capa intermedia de servicios públicos digitales —como identidad digital, pagos, intercambio de datos y catálogos de servicios— que permita traducir esa tecnología en soluciones reales para la ciudadanía.
Contexto
Análisis: En América Latina, países como Brasil y México avanzan en marcos de gobernanza de datos y plataformas públicas digitales, mientras que el Perú aún enfrenta desafíos estructurales en integración tecnológica y coordinación interinstitucional. La falta de una arquitectura digital robusta limita la capacidad del Estado para ofrecer servicios eficientes y equitativos, especialmente en contextos rurales o de baja conectividad. La concentración del saber y los recursos en IA también implica riesgos de dependencia tecnológica, lo que exige una política pública clara sobre soberanía digital.
¿Qué sigue?
El Perú debe definir qué capas de su “torta de IA” construirá localmente —desde chips de bajo consumo hasta marcos éticos— y cuáles adquirirá externamente. Priorizar la interoperabilidad, la seguridad jurídica y la inclusión digital será clave para evitar brechas digitales profundas. La región tiene una oportunidad histórica: coordinar esfuerzos subregionales para desarrollar infraestructura compartida y estándares comunes, sin perder de vista que la verdadera transformación no está en la tecnología, sino en cómo la usamos para fortalecer el Estado y la democracia.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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