Select your language

De cultura local a soft power global1Patrimonio2Innovación3Plataformas4Exportación5ImpactoModelo coreano replicable en el Perú

El fenómeno BTS revela cómo Corea del Sur construyó una poderosa estrategia de soft power mediante la industria cultural digital. El Perú cuenta con activos culturales únicos para replicar este modelo, pero requiere una narrativa innovadora y una apuesta estratégica por la creatividad contemporánea.

El grupo surcoreano BTS, más allá de su éxito musical, encarna una industria integrada que combina música, audiovisual, turismo, gastronomía y comunidades digitales, logrando una proyección global sin precedentes. Su impacto se multiplicó gracias a plataformas como YouTube y redes sociales, que permitieron escalar contenidos sin depender de intermediarios tradicionales. En 2024, su gira mundial movilizó a millones de fans en más de 20 países, incluyendo un concierto récord en Lima que reunió a casi 50 000 personas en un solo día.

Dato clave: Los seguidores de BTS, conocidos como ARMY, generan, traducen y difunden contenidos en más de 190 países, convirtiéndose en un ejército voluntario de promotores culturales que amplifica exponencialmente el alcance del soft power surcoreano.

El caso coreano demuestra que el éxito no radica únicamente en el talento artístico, sino en una coordinación estatal-privada que empaqueta narrativas culturales con enfoque estratégico y digital. El Estado surcoreano impulsó activamente esta industria desde fines de los años 90, integrando políticas públicas, formación especializada y apoyo a conglomerados como HYBE y SM Entertainment. Hoy, el K-Pop y la cultura pop surcoreana aportan más de 12 000 millones de dólares anuales a la economía nacional y han impulsado turismo, exportaciones de bienes relacionados y el aprendizaje del idioma coreano en instituciones educativas de todo el mundo.

Contexto

Análisis: En el Perú, la industria creativa representa apenas el 3,2% del PBI, según datos del INEI 2023, y carece de una estrategia nacional de internacionalización. Aunque existen iniciativas como el Q-Pop de Lenin Tamayo o los proyectos de Rafael Lanfranco, su impacto es limitado por la ausencia de apoyo institucional, infraestructura digital especializada y políticas de largo plazo. Mientras Corea del Sur ha logrado que su cultura sea percibida como moderna, innovadora y accesible, el Perú sigue atrapado en una visión estereotipada y conservadora de su patrimonio, sin explotar su potencial para generar experiencias digitales, de moda, videojuegos o contenido audiovisual con proyección global.

¿Qué sigue?

Para competir en la economía de la cultura digital, el Perú debe apostar por una narrativa de futuro que revalide su legado desde la innovación, no solo desde la conservación. Es urgente crear un ecosistema articulado entre el Estado, el sector privado y los creadores, con inversión en formación, infraestructura digital y mecanismos de exportación cultural. Si logramos integrar cosmogonías andinas y amazónicas, textiles, música y personajes históricos en productos contemporáneos —series, videojuegos, diseño de moda—, podríamos construir una marca cultural exportable con identidad propia y potencial económico real.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.