Select your language

Incendios forestales en el Perú 2024 Hectáreas 2024Total 2017-2024Regiones más afectadas: Amazonas, Loreto, San Martín

Los incendios forestales en el Perú alcanzan niveles alarmantes, con más de 79 mil hectáreas quemadas entre 2017 y 2024 y un récord de casi 20 mil en solo este último año, exponiendo la fragilidad de las capacidades estatales frente a esta crisis climática.

Según el Serfor, al cierre de esta columna se registraban más de 30 incendios activos en 12 regiones, más de 3.000 focos de calor y decenas de siniestros ya controlados. El Gobierno Regional de Amazonas reporta que, en el 2024, se quemaron 19.553 hectáreas, cifra récord en la última década. Estos siniestros han dejado pérdidas humanas, destrucción de cultivos, zonas de pastoreo y ecosistemas clave, afectando directamente los medios de vida de numerosas familias rurales.

Dato clave: Entre 2017 y 2024 se han perdido 79.723 hectáreas de bosques y pastizales por incendios, con el 2024 como el año más crítico, con 19.553 hectáreas calcinadas.

La recurrente ocurrencia de estos eventos no responde solo a prácticas tradicionales de quema controlada, sino también a factores climáticos intensificados por el cambio global: altas temperaturas, sequía prolongada, desecamiento acelerado de vegetación y cambios en los patrones de viento. A ello se suma la influencia de fenómenos como El Niño, que amplifican la inflamabilidad de los paisajes. Esta combinación transforma los incendios en un desafío estructural que exige una respuesta institucional más robusta, coordinada y preventiva.

Contexto

La gestión de desastres en el Perú sigue caracterizándose por una buena voluntad institucional, pero una débil coordinación multisectoral y una presencia estatal limitada en zonas de difícil acceso. Las brigadas comunitarias requieren reforzamiento, así como dotación de equipos especializados como helibaldes y aviones cisterna. Paralelamente, la frecuencia de los incendios implica un impacto ambiental severo: la pérdida de bosques reduce la captura de carbono y altera la regulación hídrica, generando efectos en cadena sobre la seguridad alimentaria y la resiliencia climática.

¿Qué sigue?

Se requiere una redefinición urgente del enfoque preventivo, integrando inteligencia climática, fortalecimiento de capacidades locales y una gobernanza interinstitucional más ágil. Además, es vital articular políticas de restauración ecológica con estrategias de adaptación local, especialmente en regiones como Amazonas, Loreto y San Martín, históricamente más afectadas. Solo así se podrá romper el ciclo de destrucción y recuperación incompleta que hoy caracteriza a la gestión de incendios forestales en el país.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.