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Del placer al currículo1Leer porgusto2Conversar sinpropósito3Descansar4Hobbies5RedespersonalesTransformación de lo espontáneo en herramienta útil

Una estudiante de Economía reflexiona sobre cómo la obsesión por construir un CV impecable está transformando la vida personal en una herramienta útil, dejando de lado el valor intrínseco de experiencias no productivizables.

La reflexión surge desde la Pontificia Universidad Católica del Perú, donde una estudiante de Economía cuestiona la tendencia creciente a evaluar cada actividad —desde el ocio hasta las relaciones— según su potencial aporte a un currículo profesional, una dinámica que, según advierte, puede distorsionar la identidad y la satisfacción personal.

Dato clave: La autora señala que, en su entorno académico y social, incluso actividades como leer por placer, descansar o conversar sin propósito se perciben cada vez más como “pérdidas de tiempo” si no contribuyen directamente al desarrollo profesional.

El texto explora cómo la ambición académica y profesional —lejos de ser negativa en sí misma— se vuelve problemática cuando se convierte en una lógica de optimización constante: cada experiencia se filtra por la pregunta “¿esto me sirve para mi CV?”. Esta mentalidad, según la autora, genera culpa al no estar “productivamente ocupado”, transforma redes personales en contactos estratégicos y reduce los hobbies a habilidades que deben justificarse. El resultado es una vida que, lejos de ser enriquecedora, se asemeja a un currículo interminable, donde lo espontáneo, lo lúdico y lo no instrumental queda marginado.

Contexto

Análisis: Esta tendencia no es exclusiva del ámbito universitario, sino que refleja una presión más amplia en el mundo laboral actual, donde la competencia es feroz y la performatividad profesional se ha convertido en una expectativa casi natural. En un entorno donde el 68% de los jóvenes peruanos entre 18 y 29 años consideran que deben sacrificar su bienestar personal por avances profesionales (según encuestas recientes de centros de pensamiento locales), la crítica de la estudiante cobra relevancia. El fenómeno también se vincula con el auge de las habilidades blandas como métrica de éxito, lo que añade una capa adicional de exigencia: no basta con saber, hay que *demostrar* que se aprende constantemente.

¿Qué sigue?

La autora propone una reevaluación colectiva: construir una vida que no solo sea exitosa, sino también reconocible para quien la vive. El desafío no es renunciar a la ambición, sino equilibrarla con la capacidad de estar presente, de disfrutar sin justificar y de permitirse errores, descansos y descubrimientos que no tengan fecha de vencimiento ni utilidad laboral. Tal vez, como sociedad, debamos aprender a valorar también lo que no se puede incluir en un currículo.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.