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Monitoreo en la Cordillera Blanca Quebradas monitoreadasZonas de riesgoCOER Áncash4 quebradas activas • 32 bocinas próximas

El Perú instaló un sistema de monitoreo en la Cordillera Blanca para alertar sobre aluviones y desastres por deshielo, con sensores en cuatro quebradas críticas de Áncash.

El Ministerio del Ambiente (Minam) y el Instituto Geofísico del Perú (IGP) entregaron este sistema al gobierno regional de Áncash como parte de la primera etapa del proyecto. La red incluye cámaras, sensores de movimiento y altitud, y paneles solares para operar en zonas remotas; se ubica en el Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER Áncash) y monitorea las quebradas Llaca-Casca, Llullán, Mancos y Llanganuco.

Dato clave: En la segunda etapa se instalarán 32 bocinas receptoras en localidades cercanas a las quebradas para difundir alertas en tiempo real.

Este sistema responde a la creciente amenaza de aluviones y flujos de detritos derivados del retroceso acelerado de los glaciares en la Cordillera Blanca, una de las zonas con mayor concentración glacial tropical del mundo. El IGP destaca que la iniciativa transforma datos científicos en herramientas operativas para la reducción del riesgo de desastres, permitiendo a las autoridades y comunidades tomar decisiones más informadas y oportunas. La tecnología permite la detección temprana de movimientos de masa y niveles de agua, factores clave en la prevención de emergencias en zonas de alta vulnerabilidad.

Contexto

Análisis: La Cordillera Blanca alberga más de 600 glaciares, muchos en retroceso desde hace décadas, lo que incrementa el riesgo de desbordes de lagunas glaciales y aluviones. En los últimos años, eventos como el aluvión de 2010 en Huaraz causaron daños significativos, reforzando la necesidad de sistemas proactivos. La colaboración entre el IGP, el Minam y la GORE Áncash refleja un enfoque integral que vincula ciencia, gestión del riesgo y participación comunitaria. Expertos señalan que este modelo puede servir como base para replicar tecnologías similares en otras regiones vulnerables del país.

¿Qué sigue?

La segunda etapa del proyecto prevé la instalación de 32 bocinas de alerta sonora en comunidades aledañas, lo que permitirá una difusión inmediata de alertas a la población. El IGP indicó que se continuará fortaleciendo la coordinación interinstitucional y ampliando la red de monitoreo en otras zonas críticas. La meta es lograr una red nacional de alerta temprana para desastres hidrológicos, con énfasis en áreas de alta montaña afectadas por el cambio climático.


📰 Publicado originalmente en Diario Gestión. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.