La oposición parlamentaria, encabezada por Juntos por el Perú y apoyada por Ahora Nación, Buen Gobierno y Obras, intensifica su boicot legislativo para debilitar al gobierno, mientras Keiko Fujimori debe definir una estrategia más sobria y constructiva.
Tras la aprobación en la Cámara de Diputados de un dictamen que limita severamente las facultades legislativas del Ejecutivo —con solo 20 de los 66 puntos solicitados—, el tema ahora se discute en el Senado. En esa instancia, las tres formaciones opositoras (Ahora Nación, Buen Gobierno y Obras) suman 16 escaños, frente a los 14 de Juntos por el Perú, lo que les brinda la posibilidad de conformar un bloque independiente y diferenciado del prosenderismo.
Dato clave: En Diputados, Juntos por el Perú aporta 32 votos, mientras que Ahora Nación, Buen Gobierno y Obras suman 42, lo que les permitiría articular una coalición opositora clara y autónoma.
Este escenario refleja una estrategia deliberada de parálisis legislativa y confrontación verbal, que busca desgastar al gobierno desde sus primeros meses de gestión. La presión se enmarca en dos desafíos urgentes: la lucha contra el crimen organizado y la respuesta al fenómeno de El Niño, donde se requiere acción coordinada y eficaz. La bancada liderada por Keiko Fujimori enfrenta el reto de no caer en la trampa de la polarización y de definir una oposición responsable, alejada de los intereses de fuerzas como Movadef o Fenatep.
Contexto
La izquierda parlamentaria, fragmentada tras la caída de Pedro Castillo, busca redefinir su rol. Los liderazgos de Alfonso López Chau (Ahora Nación), Jorge Nieto (Buen Gobierno) y Ricardo Belmont (Obras) tienen la oportunidad de consolidar una alternativa distinta, más cercana a sus electores y menos ligada a los extremos. Mientras tanto, Fujimori debe equilibrar la defensa de sus políticas con la necesidad de gobernar en un Congreso hostil, evitando que su imagen se desgaste por acusaciones de autoritarismo.
¿Qué sigue?
El Senado será el campo de batalla inmediato: si logran imponer su visión restrictiva, el gobierno enfrentará una parálisis aún mayor. Fujimori debe anticipar propuestas consensuadas y exigir rendición de cuentas en regiones donde se evidencian desvío de recursos, como en el sur del país. Su liderazgo será puesto a prueba no por la urgencia de resultados inmediatos, sino por su capacidad de construir acuerdos sin sacrificar su proyecto político.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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