Fuerza Popular obtuvo un desempeño débil en las regionales 2026, con ocho de nueve candidatos eliminados en primera vuelta y solo Lambayeque avanzando a segunda vuelta, pese a su fuerte apoyo presidencial en junio.
En las elecciones regionales y municipales del 4 de octubre, Fuerza Popular presentó candidatos a gobernador en nueve regiones: Callao, Ica, Junín, Lambayeque, Lima, Loreto, Piura, San Martín y Ucayali. De ellos, solo Rolando Barboza Díaz, en Lambayeque, superó el umbral del 30% y disputará la segunda vuelta contra Martín Perales (Somos Perú), quien lidera con 27,3% frente al 19,67% del fujimorista. En Lima, donde no se elige gobernador, el partido alcanzó apenas el 7,88% de los votos válidos al 97,98% de actas procesadas, una caída drástica respecto a la segunda vuelta presidencial del 7 de junio, cuando Keiko Fujimori obtuvo el 63,51% en toda la región Lima.
Dato clave: En Piura, Fuerza Popular pasó de un 57,02% en la segunda vuelta presidencial a solo un 3,79% en las regionales; en San Martín, la caída fue aún mayor: de 45,36% a 7,37%.
La brecha entre los resultados nacionales y subnacionales refleja una desconexión estructural: mientras el fujimorismo consolidó un respaldo masivo en junio, su capacidad organizativa a nivel regional se mostró limitada. Analistas señalan que la priorización de la campaña presidencial agotó los recursos políticos y logísticos, dejando de lado la consolidación de cuadros locales y la articulación con redes regionales. Además, la ausencia de liderazgos regionales consolidados y la percepción de que el partido actuó como una maquinaria centralizada, sin autonomía territorial, contribuyeron al descrédito local.
Contexto
Análisis: expertos como Enrique Castillo y Franco Olcese destacan que Fuerza Popular nunca ha tenido una base sólida en elecciones subnacionales, pero ahora la brecha es aún más alarmante dada su condición de partido gobernante. La incapacidad para construir una presencia regional significativa debilita su capacidad de negociación con los gobiernos locales y expone una dependencia excesiva del liderazgo central. Esto afecta su credibilidad como alternativa de gobierno a nivel nacional, al evidenciar que su estructura no se sostiene sin la figura de Keiko Fujimori.
¿Qué sigue?
La segunda vuelta en Lambayeque será un termómetro clave para medir la resistencia regional del partido. Fuera de allí, Fuerza Popular deberá reevaluar su estrategia de organización territorial para 2027, año en que se celebrarán elecciones municipales. Si no logra reconstruir una red regional autónoma, su proyección nacional seguirá estancada en dependencias personificadas, limitando su capacidad de adaptación política.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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