Tras las elecciones parlamentarias, el Congreso bicameral se instaló con un equilibrio frágil: Senado empatado y Cámara con ligera ventaja opositora, donde el centro político decide la gobernabilidad.
El nuevo Congreso, instalado tras los comicios del 26 de abril, muestra una distribución polarizada pero con espacios de negociación. En el Senado, fuerzas de derecha y izquierda —o oficialistas y opositoras— lograron un empate técnico, mientras que en la Cámara de Diputados prevalece una ligera mayoría opositora, aunque sin capacidad de imponer su voluntad sin el apoyo de fuerzas del centro. Este escenario contrasta con el Congreso 2021-2026, marcado por la fragmentación extrema y la inestabilidad institucional.
Dato clave: El Senado, con poder para definir nombramientos en organismos autónomos, quedó técnicamente dividido entre bloques opuestos, lo que exige consensos para avanzar en designaciones clave.
La configuración actual exige una gestión política fina. Renovación Popular (RP) se erige como posible apoyo clave del Ejecutivo, pero debe equilibrar su lealtad con la necesidad de preservar su identidad. Juntos por el Perú (JP) busca consolidarse como oposición consecuente, especialmente en regiones como el sur andino, aunque su influencia depende de su capacidad para articular alianzas con fuerzas de centro-izquierda. Para el gobierno, gobernar con estabilidad implica adoptar una postura de centro-derecha, priorizar agendas realistas y evitar batallas innecesarias, especialmente tras la primera prueba de fuego en la negociación de facultades legislativas, donde prevaleció el realismo frente a una propuesta inicial ambiciosa y mal fundamentada.
Contexto
El equilibrio de poder en el Congreso bicameral representa una oportunidad para superar el modelo de confrontación que caracterizó al periodo anterior. Sin embargo, su éxito depende de la capacidad de los actores para transitar del maximalismo a la negociación productiva. La oposición debe demostrar ser una fuerza propositiva y controladora, sin caer en la parálisis, mientras el Ejecutivo necesita fortalecer su gestión interna y construir mayorías flexibles, no rígidas. La dinámica entre Diputados y Senadores también será crítica: cualquier intento de imponer el criterio de la cámara alta sobre la baja sería prematuro y contraproducente.
¿Qué sigue?
Los próximos meses definirán si el Congreso logra superar la lógica de la obstrucción y construir una relación más estable con el Ejecutivo. La gestión de las facultades legislativas, la aprobación de leyes clave y los nombramientos en organismos autónomos serán los primeros test de madurez institucional. Si prevalece el diálogo y la negociación, el Perú podría avanzar hacia una gobernabilidad más predecible.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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