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Desplome electoral de JP en 2026OCEANO PACÍFICOBARRANCACAJATAMBOOYÓNHUAURAHuachoHUARALCANTALIMAMETROP.(no GORE)HUAROCHIRÍCAÑETEYAUYOSANCASHHUÁNUCOPASCOJUNÍNICANGORE LimaLima Met.Sede GORE0 gobiernos regionales propios ganados

Juntos por el Perú sufrió una profunda caída electoral en las Regionales y Municipales 2026, perdiendo toda presencia en gobiernos regionales y alcanzando apenas resultados marginales a nivel distrital.

La agrupación, liderada por Roberto Sánchez, no logró ganar ninguna de las ocho regiones donde compitió con listas propias —Amazonas, Apurímac, Cajamarca, Madre de Dios, Moquegua, Áncash y Junín—, ni ninguna de las 36 alcaldías provinciales que postuló. Según avances de la ONPE, JP quedó entre el tercer y octavo lugar en las regiones donde Sánchez había triunfado en las presidenciales 2021, y entre el quinto y noveno lugar en la mayoría de las provincias. Solo en Puno obtuvo una posición destacada gracias a una alianza con Acción Social por la Integración (ASI), aunque sin lograr la mayoría absoluta en primera vuelta.

Dato clave: JP logró únicamente 15 primeros lugares distritales, todos concentrados en cinco regiones: Cusco (7), Arequipa (3), Amazonas (2), Junín (2) y Lambayeque (1).

El retroceso se explica por la pérdida del respaldo electoral acumulado en torno a la figura de Pedro Castillo, que permitió a JP alcanzar resultados inusitados en 2021. Analistas como Enrique Castillo señalan que la alianza con fuerzas que reivindicaban al exmandatario fue efímera y no consolidó una base institucional sólida. Iván Arenas añade que la izquierda en su conjunto fracasó en proponer soluciones concretas a demandas ciudadanas urgentes, como la seguridad, y se mantuvo atrapada en agendas ideológicas estériles.

Contexto

Este desempeño electoral marca un quiebre definitivo para JP, cuya estructura partidaria no logró trascender la efímera ola de apoyo generada por la polarización del 2021. La incapacidad para construir liderazgos regionales propios y la dependencia de alianzas tácticas —como la con ASI— revelan una fragilidad estructural. La derrota también refleja el desgaste de la narrativa que priorizaba el cambio constitucional y la confrontación con el *establishment*, frente a una ciudadanía que exige respuestas inmediatas a problemáticas cotidianas.

¿Qué sigue?

La próxima etapa exigirá una redefinición estratégica: si JP opta por reforzar alianzas con movimientos regionales o busca reconstruir una identidad programática propia. La falta de representación en los gobiernos regionales limitará su capacidad de incidencia legislativa y de proyección nacional, poniendo en jaque su supervivencia como fuerza política relevante para los comicios de 2026-2027.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.