Seleccione su idioma

Entrenamiento militar civil en Teherán1Inscripción2Formaciónbásica3Uso de armas4Tácticasurbanas5Simulación VR500.000 voluntarios en 1.000 batallones

Irán ha habilitado dos plazas públicas en Teherán como centros de entrenamiento militar para más de 500.000 voluntarios inscritos en el programa estatal “Janfada”, en medio de la tensión con Estados Unidos e Israel.

Desde mediados de abril, las plazas Hafte Tir e Imán Hosein, ubicadas en el centro de la capital iraní, albergan bases de instrucción militar organizadas por la Organización Basij y la Guardia Revolucionaria. Los voluntarios, divididos en 1.000 batallones de “resistencia nacional”, reciben formación en guerra urbana, manejo de armas como el Kaláshnikov, el Dragunov y el RPG, así como en el uso de drones y cañones antiaéreos mediante realidad virtual. La iniciativa, lanzada bajo el lema “sacrificio por Irán”, se activó tras más de siete meses de conflicto armado con Estados Unidos e Israel, iniciado el 28 de febrero.

Dato clave: Más de 500.000 personas —entre hombres y mujeres de distintas edades— se han inscrito en el programa “Janfada” para recibir capacitación militar en escenarios urbanos.

El entrenamiento, coordinado por altos mandos de las fuerzas armadas iraníes, busca preparar a la población civil para una posible invasión terrestre estadounidense, según declaraciones de sus organizadores. El jefe adjunto de Formación de la Basij, Alí Kosari, detalló que la instrucción abarca seis áreas clave, incluyendo el uso de armamento ligero y pesado, así como maniobras tácticas en entornos urbanos. Muchos participantes, como Farzaneh, una ama de casa de 37 años, justifican su participación en un discurso de defensa patriótica y resistencia nacional.

Contexto

Este programa se enmarca en una escalada de hostilidades entre Irán y Estados Unidos, que se intensificó tras los bombardeos cruzados desde finales de febrero. Aunque el conflicto actual se encuentra en una fase de estancamiento tras intensos ataques aéreos, Washington ha reforzado su presión con un bloqueo naval y sanciones económicas que afectan sectores clave como la aviación y el ferrocarril. Paralelamente, Irán ha mantenido el cierre del estrecho de Ormuz, un punto estratégico para el transporte petrolero global, lo que añade tensión a la ya delicada situación regional. La movilización civil responde también a la necesidad del régimen de reforzar su narrativa interna de resistencia ante lo que denomina la “guerra contra el mal”.

¿Qué sigue?

Se espera que más plazas y espacios públicos en otras ciudades iraníes sean adaptados para entrenamiento militar, ampliando la red de “resistencia nacional”. Mientras persiste la falta de avances en los esfuerzos diplomáticos para un alto al fuego, el gobierno iraní podría intensificar sus ejercicios de disuasión interna y externa, lo que elevaría el riesgo de una escalada adicional en el conflicto regional.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.