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La líder opositora María Corina Machado ha intentado sin éxito siete veces regresar a Venezuela en los últimos meses, mientras su entorno evalúa una estrategia pública con apoyo internacional para superar los bloqueos del régimen.

Tras fracasar en tres intentos recientes —incluyendo un vuelo privado en Panamá que ni siquiera despegó y una travesía marítima frustrada por una avería en el motor—, Machado sigue impedida de entrar a su país. Según el diario *ABC*, las autoridades de Bonaire, Aruba y Curazao negaron los permisos de aterrizaje solicitados. Estos sucesos ocurrieron esta semana, sumando ya siete intentos clandestinos en pocos meses.

Dato clave: El politólogo Luis Nunes señala que Diosdado Cabello, ministro del Interior y figureza clave del chavismo, sería el principal obstáculo, al considerarlo “obsesionado” con su figura y mencionarlo constantemente en sus transmisiones.

El bloqueo a su regreso se enmarca en la tensa preparación electoral en Venezuela. La presidenta interina Delcy Rodríguez afirmó ante la ONU que “habrá elecciones”, aunque sin precisar fecha, mientras Estados Unidos y otros actores internacionales exigen garantías previas: reformas al Tribunal Supremo y al Consejo Nacional Electoral, así como la anulación de las irregularidades del proceso de 2024, en el que Edmundo González fue supuestamente privado de su victoria. Machado, una de las figuras más influyentes de la oposición, es vista por el gobierno como una amenaza política por su capacidad de movilización y su liderazgo en iniciativas como la Asamblea Nacional.

Contexto

La situación refleja la profunda polarización y la ausencia de consensos institucionales en Venezuela. La negativa a permitir la entrada de líderes opositores históricos socava cualquier pretensión de credibilidad electoral. Mientras, la comunidad internacional, incluido Estados Unidos, insiste en que cualquier proceso debe ser verificable y con observación externa. El riesgo de que la represión se intensifique si Machado lograra regresar —ya sea por vía clandestina o pública— preocupa a sus aliados, quienes evalúan cómo equilibrar la seguridad con la necesidad de presencia política en el país.

¿Qué sigue?

Su equipo estudia ahora una estrategia pública con una delegación internacional, aunque reconocen los riesgos logísticos, de seguridad y diplomáticos. No hay una decisión final, pero la presión externa y el estancamiento interno podrían forzar un giro en la táctica opositora. Mientras tanto, la falta de avances en las garantías electorales mantiene el escenario incierto.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.