Un diputado boliviano propuso declarar al Che Guevara enemigo de la patria y retirar su nombre de espacios públicos, reavivando el debate sobre su legado autoritario y el mito que lo rodea.
El legislador del Partido Demócrata Cristiano de Bolivia presentó, en el marco del 59.º aniversario de su muerte (9 de octubre de 1967), una iniciativa legislativa para suprimir homenajes oficiales al revolucionario argentino-cubano y catalogarlo formalmente como enemigo del Estado boliviano. La propuesta surge tras décadas de idealización del personaje, a pesar de su fracaso en Bolivia —donde su intento insurreccional fue rechazado por la población local— y de su participación activa en la instauración del régimen comunista en Cuba, cuyas consecuencias incluyen represión sistemática y empobrecimiento estructural.
Dato clave: Según el analista Kristian Niemietz, autor de *Socialismo: la idea fracasada que nunca muere*, los regímenes socialistas suelen pasar por una “luna de miel” internacional, siendo elogiados por intelectuales occidentales hasta que su fracaso es ineludible, momento en que se los redefine como “socialismo distorsionado”.
La propuesta boliviana pone en evidencia una contradicción histórica: mientras el Che es celebrado en muchos círculos intelectuales y políticos como símbolo de resistencia, su práctica política estuvo marcada por la violencia ideológica y la intolerancia. Su “Mensaje a la Tricontinental” de 1967, por ejemplo, exaltaba el “odio como factor de lucha”, promoviendo una visión revolucionaria que justificaba la eliminación física del “enemigo”. Autores como Álvaro Vargas Llosa han documentado su rol en la creación de campos de concentración en Cuba y su involucramiento directo en ejecuciones sumarias tras la victoria de la Revolución Cubana en 1959. A pesar del colapso de múltiples regímenes socialistas —que según estimaciones acumularon más de 100 millones de muertes—, el mito del Che ha resistido, en parte gracias a una narrativa que lo separa de sus actos concretos.
Contexto
La evolución del discurso sobre Cuba y su figura ha comenzado a cambiar, especialmente tras el levantamiento del 11 de julio de 2021, que expuso la profunda crisis social y política en la isla. Incluso sectores socialistas occidentales han empezado a reconsiderar su apoyo: el periódico *International Socialism* reconoció recientemente que Cuba funcionaba como una “sociedad capitalista de Estado”, no como un modelo socialista auténtico. Este giro refleja un proceso más amplio de reevaluación crítica, donde la distancia histórica y los hechos concretos están erosionando la imagen romántica del Che.
¿Qué sigue?
La iniciativa boliviana podría catalizar debates similares en otros países latinoamericanos, especialmente donde el discurso de izquierda sigue celebrando figuras autoritarias sin cuestionar sus prácticas. Lo esencial será distinguir la construcción mítica del Che de su accionar histórico, reconociendo que su ideología y sus métodos fueron tan destructivos como los de otros regímenes totalitarios del siglo XX. Solo así se podrá avanzar hacia una memoria histórica más honesta y responsable.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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