La inteligencia artificial de pequeña escala (Small AI) ofrece a las micro y pequeñas empresas del Perú una vía realista para mejorar su productividad con herramientas accesibles y sin grandes inversiones.
Según el Ministerio de la Producción, el país cuenta con 2,4 millones de micro y pequeñas empresas —el 99,2 % del tejido empresarial formal—, que generan 10,3 millones de empleos y aportan el 20,6 % del PBI (unos S/ 246 mil millones anuales). El Banco Mundial y la Estrategia Nacional de Inteligencia Artificial (ENIA 2026-2030) destacan que el uso de aplicaciones especializadas y de bajo costo —como Plantix para diagnóstico agrícola o Teachable Machine para reconocimiento visual— puede elevar su valor agregado en 5 %, lo que equivaldría a S/ 12.300 millones adicionales y un punto porcentual más de crecimiento económico.
Dato clave: Un aumento del 5 % en la productividad de las micro y pequeñas empresas sumaría S/ 12.300 millones al PBI nacional, equivalente a un punto porcentual adicional de crecimiento.
Esta modalidad de IA se enfoca en soluciones prácticas, rápidas y adaptables a recursos limitados, especialmente útiles para negocios familiares con baja productividad. Su adopción no exige conocimientos técnicos avanzados, sino una orientación práctica: identificar problemas cotidianos, aplicar herramientas sencillas y contrastar los resultados con la experiencia del emprendedor. El desafío radica en superar barreras de capacitación, acceso a información confiable y gestión estratégica, áreas donde instituciones como los CITE, universidades y gobiernos regionales deben articular esfuerzos con la ENIA y el Plan Nacional de Competitividad 2024-2030.
Contexto
El Perú enfrenta una baja productividad estructural que limita su desarrollo. Aunque el sector empresarial informal y las micro empresas son pilares del empleo, su bajo rendimiento impide una mayor generación de ingresos y calidad laboral. La IA de pequeña escala representa una oportunidad para democratizar el acceso a tecnologías que optimicen procesos, reduzcan costos y fortalezcan la toma de decisiones sin depender de infraestructuras complejas. Sin embargo, su impacto depende de políticas públicas activas que incluyan capacitación aplicada, asistencia técnica descentralizada y mecanismos de financiamiento accesibles.
¿Qué sigue?
El próximo paso es traducir los marcos estratégicos nacionales en programas concretos que conecten a los empresarios con herramientas reales y capacitación práctica. Se requiere coordinación entre el Estado, el sector privado y la academia para escalar experiencias piloto y medir resultados. Si se logra, millones de pequeños negocios podrán transformarse en motores más eficientes de crecimiento inclusivo.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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