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La desaceleración en la percepción de confianza hacia el Gobierno refleja frustraciones por la inseguridad, la gestión climática y una economía que, aunque sólida, no logra convencer a la mayoría de los ciudadanos.

Según encuestas recientes, apenas un tercio de la población considera que el Ejecutivo está preparado para enfrentar la inseguridad, mientras que apenas un punto porcentual más lo cree así para prevenir los efectos de El Niño. En materia económica —el área con mayor apoyo—, solo el 40% de los ciudadanos confía en la capacidad del Gobierno, a pesar de que el ministro de Economía ha reunido un equipo ampliamente valorado.

Dato clave: El 50% de los peruanos percibe que el actual Gobierno representa “más de lo mismo”, mientras que solo un tercio cree que impulsa un cambio genuino.

La desconfianza creciente se explica por una combinación de factores: tensiones internas en el Gabinete, decisiones de nombramiento cuestionadas y una coordinación ministerial aún frágil. Paralelamente, los desafíos estructurales no hacen sino intensificarse: la inseguridad mantiene su ritmo sin ceder, y los pronósticos del Senamhi advierten que el verano de 2027 podría traer un fenómeno El Niño Costero de magnitud extraordinaria (48% de probabilidad) o fuerte (45%). Estos eventos, sumados a la persistente desigualdad y la debilidad institucional, ponen a prueba la capacidad del Ejecutivo para demostrar que su gestión es distinta.

Contexto

La percepción ciudadana se ha deteriorado a pesar de indicadores macroeconómicos estables, lo que evidencia una brecha entre lo que ocurre en los despachos y lo que siente la ciudadanía. La falta de una narrativa clara de cambio —más allá de la continuidad de políticas conocidas— ha permitido que prevalezca la sensación de estancamiento. A esto se suma la ausencia de una agenda de reformas estructurales visible, lo que limita la capacidad del Gobierno para consolidar una identidad propia frente a los desafíos del siglo XXI.

¿Qué sigue?

Los próximos meses serán decisivos: si no se visibilizan avances tangibles en seguridad, adaptación climática y modernización del Estado, la desconfianza se profundizará. La gestión del riesgo climático, en particular, exigirá coordinación interinstitucional sin precedentes y recursos significativos. El tiempo corre contra la credibilidad del Gobierno: o acelera el cambio, o será interpretado como un mero intermedio entre gobiernos anteriores.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.