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Evolución del conflicto Gaza-Israel Zona de conflictoTúneles HamásÁreas urbanasRuta de apoyo Irán3 años tras el 7 de octubre

Tras tres años del ataque de Hamás del 7 de octubre, el autor reflexiona sobre la escalada del conflicto israelí-palestino, la radicalización global y la urgencia de una contención responsable para evitar una catástrofe mayor.

El 7 de octubre de 2023 marcó un punto de inflexión con la masacre de 1.200 israelíes y la toma de 250 rehenes por parte de Hamás. En respuesta, Israel inició una ofensiva militar en Gaza que, según fuentes israelíes, ha eliminado a cerca de 30.000 combatientes de Hamás, pero también ha causado miles de víctimas civiles palestinas, incluidos mujeres, niños y ancianos. Tres años después, el autor, hijo de sobrevivientes del Holocausto, denuncia la persistencia del antisemitismo y la desesperanza ante una guerra que se ha globalizado.

Dato clave: Tras 18 años de la retirada israelí de Gaza, Hamás convirtió la franja en un inmenso arsenal subterráneo, con más de 500 kilómetros de túneles y infraestructura civil repurpuesta para fines militares.

El autor recuerda que la respuesta inicial no fue una elección bélica, sino una reacción obligada tras una agresión planificada y brutal. La realidad en Gaza —con hospitales, escuelas y mezquitas usados como bases logísticas— transformó la guerra en un conflicto asimétrico extremadamente complejo. La falta de una contención responsable internacional, especialmente frente al apoyo iraní a Hamás, permitió que el conflicto se perpetuara y se expandiera: Irán ha profundizado su influencia regional, mientras Europa enfrenta un aumento del odio y la polarización. La historia del autor, marcada por el trauma intergeneracional del Holocausto, lo lleva a cuestionar la idea de que la memoria del genocidio haya sellado una defensa permanente contra el antisemitismo.

Contexto

Análisis: El conflicto se ha convertido en un catalizador de tensiones globales. La guerra ha desencadenado una reconfiguración de alianzas, con Irán fortaleciendo su eje regional y Estados Unidos enfrentando presión por su apoyo incondicional a Israel. La ONU, pese a sus resoluciones, no ha logrado imponer una solución diplomática ni garantizar la protección de civiles. En el plano interno, la sociedad israelí se encuentra profundamente dividida y traumatizada, mientras que en los territorios palestinos persiste una crisis humanitaria sin precedentes. La ausencia de una autoridad palestina legítima y funcional complica cualquier perspectiva de paz sostenible.

¿Qué sigue?

Una salida no es una solución definitiva, sino un primer paso hacia la responsabilidad colectiva. Para Israel y el pueblo judío, el realismo implica reconocer que la memoria del Holocausto no basta: se requiere acción concreta para prevenir futuras catástrofes. Esto implica una presencia internacional seria en la zona, con mandato claro y recursos suficientes, así como una estrategia diplomática que combine firmeza contra el terrorismo con compromiso humanitario. El mundo no puede permitir que el 7 de octubre sea solo el comienzo de un incendio universal.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.