Más de 3,4 millones de hectáreas de bosque seco en el norte del Perú enfrentan una grave degradación, con el 95 % afectado, pese a esfuerzos comunitarios y técnicos para su conservación y recuperación.
El Área de Conservación Regional Salitral-Huarmaca, en Piura, alberga uno de los remanentes más significativos de este ecosistema, custodiado desde 1988 por José Guevara Huamán, guardaparque voluntario. Los bosques estacionalmente secos se extienden por 3.422.904 hectáreas en Tumbes, Piura, Lambayeque y La Libertad, pero solo una fracción conserva su integridad ecológica. Durante el X Congreso Regional Forestal (COREFOR), se evidenció la urgencia de escalar acciones de restauración, especialmente tras identificar que la tala ilegal de palo santo y la expansión ganadera son presiones constantes.
Dato clave: El 95 % de los bosques secos del norte del Perú están degradados por fragmentación y pérdida de cobertura forestal.
Este ecosistema, aunque aparentemente inactivo en temporada seca, posee una notable capacidad de regeneración tras las lluvias. Sin embargo, décadas de uso insostenible han debilitado su resiliencia. Comunidades locales, como las que colaboran con Guevara, están implementando prácticas agroforestales y monitoreo activo para contrarrestar la degradación. Paralelamente, instituciones públicas y académicas buscan integrar conocimiento tradicional con ciencia para diseñar planes de manejo a largo plazo.
Contexto
La degradación de los bosques secos no solo amenaza la biodiversidad —incluyendo especies endémicas como la pava aliblanca—, sino también los medios de vida de miles de familias que dependen directamente de sus recursos. La falta de políticas integrales y la escasa inversión en restauración ecológica han postergado su recuperación. Aunque existen iniciativas locales y regionales, su escalabilidad sigue limitada por recursos y coordinación interinstitucional insuficiente.
¿Qué sigue?
La estrategia nacional de restauración forestal contempla la recuperación de 1 millón de hectáreas degradadas para 2030, incluyendo bosques secos como prioridad. Se prevé fortalecer redes de guardaparques comunitarios, ampliar programas de reforestación con especies nativas y promover certificaciones sostenibles para productos no maderables. El éxito dependerá de la participación activa de los territorios y de integrar la conservación en las agendas de desarrollo regional.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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