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El físico estadounidense David Gross, Nobel de Física 2004, advierte que las probabilidades de que la humanidad sobreviva otros 50 años son «muy bajas», debido a riesgos globales derivados de decisiones humanas y tensiones sistémicas.

El científico, nacido en 1941 y galardonado junto con Frank Wilczek y H. David Politzer por el descubrimiento de la «libertad asintótica» en la interacción fuerte entre quarks, ha ampliado sus reflexiones desde lo microscópico hacia los desafíos existenciales de la civilización, expresando públicamente su preocupación por la sostenibilidad a largo plazo de la especie humana.

Dato clave: Gross declaró que «las probabilidades de que la humanidad viva 50 años más son muy bajas», una alerta que enlaza con su análisis de las tensiones internacionales y los riesgos sistémicos globales.

Tras su contribución fundamental a la cromodinámica cuántica —teoría que explica cómo los quarks y gluones interactúan mediante la fuerza fuerte—, Gross ha mantenido su actividad académica en instituciones como la Universidad de California en Santa Bárbara y el Kavli Institute for Theoretical Physics, abordando temas como la teoría de cuerdas y la unificación de fuerzas fundamentales. En los últimos años, su enfoque se ha orientado también hacia la ética científica, la gobernanza global y los peligros derivados de la toma de decisiones colectivas frágiles, especialmente en contextos de crisis climática, conflictos bélicos y desconfianza institucional.

Contexto

La advertencia de Gross se inscribe en un creciente debate entre científicos y pensadores sobre la vulnerabilidad civilizatoria. Figuras como Stephen Hawking o Nick Bostrom han expresado similares inquietudes respecto a la supervivencia a largo plazo de la humanidad, destacando amenazas como la inteligencia artificial descontrolada, la proliferación nuclear o la degradación ambiental. Gross, sin embargo, enfatiza la responsabilidad humana en la construcción de sistemas globales inestables, lo que implica que el futuro no está predeterminado, sino condicionado por elecciones políticas, tecnológicas y éticas.

¿Qué sigue?

Gross insiste en que, aunque la física revela límites naturales, los mayores desafíos provienen de la propia acción humana. Su llamado subraya la urgencia de fortalecer la cooperación internacional y desarrollar marcos de toma de decisiones resilientes. Como él mismo señaló: «La naturaleza es la jueza final», lo que implica que solo mediante una ciencia informada, una ética robusta y una gobernanza efectiva podríamos mejorar esas «muy bajas» probabilidades.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.