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Impactos de El Niño en Latinoamérica Colombia (Mt)México (pescadores)Argentina (zonas afectadas)Sequía + Inundaciones + Pérdida agrícola

El Niño intensifica sequías e inundaciones en Latinoamérica, poniendo en riesgo hasta el 30 % de la producción agrícola y afectando a miles de pescadores, con impactos agudizados entre febrero y mayo de 2027.

Según un análisis de la Red por la Defensa de la Reforma Agraria, Colombia podría perder 8,46 millones de toneladas de alimentos —equivalente al 30 % de su producción nacional— debido a las alteraciones climáticas provocadas por El Niño. Los cultivos más vulnerables son maíz, plátano, papa, arroz, yuca, frijol y aguacate, cuya caída se prevé entre septiembre de 2026 y agosto de 2027, con picos críticos en cosechas entre febrero y mayo de 2027. En México, la pesca artesanal se verá afectada por la reducción de especies comerciales, mientras que comunidades indígenas en el norte de Argentina ya reportan daños en cultivos y ganado por inundaciones.

Dato clave: En La Guajira (Colombia), las precipitaciones se reducirán más del 95 %, lo que agravará la sequía en una región ya vulnerable.

El fenómeno meteorológico, caracterizado por el calentamiento anómalo de las aguas del Pacífico ecuatorial, ya está modificando patrones hídricos y térmicos en toda la región andina y centroamericana. Estas alteraciones no solo amenazan la seguridad alimentaria, sino que profundizan desigualdades sociales, ya que las poblaciones rurales, campesinas e indígenas son las más expuestas por su dependencia directa de los recursos naturales. Expertos consultados por Mongabay Latam subrayan que los efectos se distribuyen de forma desigual: mientras algunos sectores pueden absorber mejor los shocks climáticos, otros enfrentan riesgos sistémicos de pérdida de ingresos y acceso a alimentos.

Contexto

El análisis colombiano —basado en pronósticos oficiales de lluvias, evaluaciones agropecuarias municipales y calendarios de siembra de la Unidad de Planificación Rural Agropecuaria (UPRA)— identifica dos etapas críticas: primero, la imposibilidad de germinación o retraso en siembras por suelo seco (septiembre 2026–febrero 2027); segundo, la reducción de rendimiento en plantas ya establecidas por estrés hídrico (octubre 2026–agosto 2027). Cristian López, investigador de la Red por la Defensa de la Reforma Agraria, advierte que esta situación impactará directamente en indicadores de hambre, pobreza y brechas de desigualdad, especialmente en zonas rurales donde la canasta básica se sostiene en estos cultivos.

¿Qué sigue?

Las autoridades agropecuarias y organismos ambientales regionales deben activar planes de adaptación anticipada, como la reprogramación de siembras, la promoción de variedades resistentes a sequía y la fortificación de sistemas de riego. Sin intervención oportuna, los precios de alimentos básicos podrían dispararse, afectando la inflación alimentaria y la estabilidad social. La ventana de acción se cierra rápidamente: los efectos más severos se manifestarán en los primeros meses de 2027, antes de que termine el ciclo productivo.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.