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Jonathan, la tortuga millenaria Genética estable y metiloma inalterado

Jonathan, una tortuga gigante de Aldabra de 194 años, ha revelado su secreto genético: 287 variantes únicas que mantienen su ADN estable y su metabolismo eficiente durante casi dos siglos.

Jonathan, nacido en 1832 y coetáneo de Charles Darwin, reside desde 1882 en la isla británica de Santa Elena, a 1.860 km de Angola, tras ser regalado al gobernador sir William Grey Wilson. Con 50 años al llegar y 144 años viviendo en los jardines de la residencia oficial, es actualmente el animal terrestre más longevo del planeta. Un equipo internacional de científicos de EE.UU., Reino Unido, Dinamarca y Alemania secuenció su genoma y metiloma mediante raspados bucales y análisis sanguíneos, comparándolo con otras cuatro tortugas de su especie.

Dato clave: Los investigadores identificaron 287 variantes genéticas únicas que regulan la reparación del ADN, la inflamación, la insulina y la supresión del cáncer, manteniendo su “entropía de metilación” casi inalterada en genes clave.

El estudio, publicado en *Science Advances*, revela que, aunque pertenece a una especie ya longeva (hasta 100 años), Jonathan no muestra deterioro genético ni aumento del “ruido” epigenético en procesos vitales como la función mitocondrial o la reparación del genoma. Su transcripción genética mantiene una alta fidelidad, lo que explica su excepcional longevidad. Según Justin Gerlach, investigador especialista en tortugas gigantes, los reguladores de producción de energía y reparación del ADN en Jonathan han permanecido estables durante casi dos siglos, algo inusual en el envejecimiento normal.

Contexto

Este hallazgo abre nuevas vías para la medicina regenerativa y el estudio del envejecimiento humano. La estabilidad epigenética observada en Jonathan sugiere que ciertos mecanismos moleculares podrían ser inducidos o potenciados en otras especies. La comunidad científica ve en este caso un modelo natural de resistencia al envejecimiento, con implicaciones en el diseño de terapias contra enfermedades degenerativas. Además, refuerza la importancia de conservar especies longevas como indicadores biológicos y fuentes de conocimiento genético.

¿Qué sigue?

Los investigadores planean analizar cómo interactúan estas variantes genéticas entre sí y con factores ambientales. También buscan identificar si existen compuestos naturales que puedan imitar su efecto protector. Aunque Jonathan sigue activo y saludable, su longevidad ya ha inspirado nuevos estudios en biogerontología, con el objetivo de traducir estos hallazgos en aplicaciones médicas a largo plazo.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.