El 4 de octubre de 1926 se conmemoró el centenario de la muerte de San Francisco de Asís con una solemne celebración en Lima, encabezada por la orden franciscana y con la presencia de autoridades civiles y religiosas.
La conmemoración del primer centenario de la muerte de San Francisco de Asís se llevó a cabo el 4 de octubre de 1926 en la ciudad de Lima, con un riguroso programa litúrgico organizado por la orden franciscana. Desde las 5:00 a.m., se celebraron sucesivas misas, destacando la misa de comunión general a las 8:00 a.m., presidida por monseñor Pedro Pablo Drinot y Piérola, obispo de la diócesis; y la misa pontifical a las 10:00 a.m. El evento contó con la asistencia del presidente de la República, su círculo cercano, autoridades políticas y militares, representantes de las instituciones dominicana y franciscana, así como delegaciones de los municipios provincial de Lima y distrital del Rímac, y una numerosa delegación de la colonia italiana residente.
Dato clave: El programa comenzó a las 5:00 a.m. y culminó con una misa pontifical a las 10:00 a.m., con una duración total de cinco horas de celebración litúrgica continua.
La conmemoración no fue un acto meramente religioso, sino un evento de gran relevancia simbólica para la sociedad limeña de la época. San Francisco de Asís, fundador de la Orden de los Frailes Menores, representaba valores como la pobreza evangélica, la reverencia por la naturaleza y el diálogo intercultural —principios que cobraron especial fuerza en los primeros años del siglo XX, cuando el Perú transitaba por procesos de modernización y redefinición identitaria. La participación del presidente de la República y de autoridades civiles subrayaba el papel institucional de la Iglesia en la vida pública, así como el arraigo social del catolicismo en la cultura nacional.
Contexto
Análisis: La celebración reflejaba la estrecha relación entre el Estado y la Iglesia católica durante la primera mitad del siglo XX en el Perú. En un contexto de creciente laicización global, el acto de 1926 demostró la resistencia y adaptabilidad del catolicismo en el ámbito público. La presencia de la colonia italiana —comunidad con fuertes vínculos históricos con la orden franciscana— también evidenció el carácter internacional de la devoción franciscana y su rol como puente cultural. Las reacciones en la prensa de la época destacaron la solemnidad del evento y su importancia para la cohesión social, especialmente en un país aún marcado por las secuelas del conflicto con Chile.
¿Qué sigue?
La tradición de conmemorar el aniversario de la muerte de San Francisco se consolidó como una fecha fija en el calendario litúrgico y civil, con actos anuales que evolucionaron hacia celebraciones más comunitarias y ecológicas. Hoy, más allá del marco religioso, la figura del santo sigue inspirando iniciativas de cuidado ambiental y solidaridad con los más vulnerables, reafirmando su vigencia en los desafíos contemporáneos.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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