En Loreto, la crisis del agua potable y el saneamiento pone en riesgo la salud infantil y el desarrollo educativo, con 72,2% de la población sin acceso a agua segura y altas tasas de enfermedades hídricas.
El 26 de setiembre, Día Mundial de la Salud Ambiental, pone el foco en Loreto, donde solo el 14% del agua disponible cumple con estándares de cloración, según el INEI. Las fuentes locales —ríos, acequias y lluvia— llegan contaminadas por desechos no tratados, deforestación y filtraciones de pozos ciegos, lo que impulsa altas tasas de anemia en niños rurales (63,1%) y 19,2 muertes por cada 1.000 nacidos vivos por enfermedades de origen hídrico, según Geresa.
Dato clave: El 80% de las enfermedades infecciosas, parasitarias y gastrointestinales a nivel global se vinculan al consumo de agua insalubre, una realidad que en Loreto se traduce en altas tasas de mortalidad infantil y bajo desempeño escolar.
Esta situación no es solo técnica, sino sistémica: la mala calidad del agua afecta directamente la absorción de nutrientes, lo que explica por qué solo el 12,8% de estudiantes de cuarto de primaria alcanza niveles satisfactorios en comprensión lectora y apenas el 6,3% en matemática, según el Minedu. La salud ambiental, por tanto, es un pilar invisible de la educación y el desarrollo humano, no un tema aislado. Como señala la directora ejecutiva de PDC Consultores y exministra de Vivienda, la sostenibilidad de las soluciones depende de la participación activa de las comunidades: infraestructura sin gestión local robusta termina deteriorándose y dejando a las poblaciones en la misma vulnerabilidad.
Contexto
La experiencia en San José de Parinari, comunidad kukama-kukamiria, marca un hito: allí se constituyó el primer Comité de Agua, Saneamiento y Ambiente (CASA) del país bajo la Ley de Acceso Universal al Agua Potable. Este modelo, impulsado por la Fundación Encuentros, transforma a las comunidades en dueñas de sus sistemas, garantizando mantenimiento, supervisión y toma de decisiones a largo plazo. La iniciativa demuestra que el verdadero avance no mide solo inversión, sino capacidad institucional local para sostener los logros.
¿Qué sigue?
Es urgente replicar este enfoque de gobernanza comunitaria en otras zonas de Loreto y la Amazonía peruana. La inversión pública debe priorizar la fortaleza organizacional local, no solo la construcción de obras. Los niños de la región merecen sistemas que funcionen de forma permanente, cuidados por sus propias comunidades, y no promesas efímeras que desaparecen con la partida de los proyectos externos.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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