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Trump vs Xi: Frágiles alianzasDebilidad internaEspectáculo externoCumbre sin acuerdos clave

A pesar del espectáculo mediático de la cumbre Trump-Xi en Washington, ambos líderes enfrentan debilidades internas crecientes: Trump, con baja aprobación y desafíos políticos, y Xi, con desaceleración económica y escándalos de corrupción.

La reunión de alto nivel celebrada la semana pasada en la Casa Blanca buscó proyectar fuerza geopolítica, pero coincidió con una caída en la popularidad de Donald Trump, que se ubica en un promedio del 37 % según encuestas recientes. Mientras, Xi Jinping enfrenta desafíos internos tras un crecimiento económico proyectado de solo 4,3 % para 2024 —muy por debajo de los niveles de principios de siglo— y la expulsión del Partido Comunista del general Zhang Youxia, máximo responsable militar del país, por presunta corrupción.

Dato clave: Trump vetó el acceso de CNN, MS Now y Politico a la Casa Blanca durante la cumbre, lo que desató un boicot mediático que evitó que gran parte del público estadounidense presenciara los actos centrales del encuentro.

La estrategia de Trump de usar la cumbre para reforzar su imagen de liderazgo internacional se vio frustrada por su decisión de censurar a medios críticos. Incluso Fox News, tradicionalmente aliado, se sumó al boicot, lo que redujo drásticamente la cobertura televisiva. Al día siguiente, el presidente revirtió su postura, pero el daño ya estaba hecho: la cumbre pasó prácticamente desapercibida para muchos ciudadanos. Por su parte, Xi aprovechó el control estatal sobre los medios para difundir el evento con gran impacto interno, aunque su gobierno sigue enfrentando presión por la desaceleración económica, el envejecimiento poblacional y los casos de corrupción. Ambos líderes buscaban oxígeno político, pero solo China logró un resultado mediático efectivo.

Contexto

La cumbre tuvo lugar en un momento delicado para ambas economías: Estados Unidos enfrenta inflación persistente, costos de vida elevados y tensiones por políticas migratorias duras, mientras China lucha con una desaceleración estructural y una baja natalidad. En el plano político, Trump se prepara para elecciones legislativas clave el 3 de noviembre, y una posible pérdida del control del Congreso debilitaría aún más su posición. Xi, por su parte, busca consolidar su tercer mandato y mantener la estabilidad interna, pero los escándalos anticorrupción —como el caso Zhang— socavan su autoridad. La falta de acuerdos concretos, salvo la prórroga hasta el 10 de enero de la tregua comercial, refleja la fragilidad de la relación bilateral y la prioridad que ambos dan a sus problemas domésticos.

¿Qué sigue?

Las elecciones legislativas de noviembre serán un termómetro decisivo para la capacidad de Trump de mantener el apoyo republicano y su influencia en la política exterior. Mientras, China continuará bajo escrutinio internacional por sus cifras económicas y sus prácticas comerciales. La próxima cumbre podría depender de si ambos líderes logran estabilizar sus posiciones internas antes de fin de año.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.