La jueza sudafricana Navi Pillay, de 85 años, ganó el Nobel de la Paz 2026 por su defensa incansable del derecho internacional en un contexto de crecientes amenazas a la justicia global.
El Comité Nobel Noruego otorgó este viernes el prestigioso reconocimiento a Pillay, exjueza de la Corte Penal Internacional (CPI) y presidenta de una comisión de investigación de la ONU sobre Gaza, en reconocimiento a su labor en la persecución de crímenes de guerra, lesa humanidad y genocidio. La ceremonia se llevó a cabo en Oslo, y la galardonada bromeó con que, si la applauseaban con más fuerza, podría compartir el premio con el expresidente Donald Trump, crítico de la CPI.
Dato clave: En 2024, la CPI emitió órdenes de detención contra el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu y varios miembros de Hamás, lo que desató una intensa reacción diplomática, especialmente de Estados Unidos.
Pillay, quien presidió la comisión independiente que acusó a Israel de cometer genocidio en Gaza, actualmente se desempeña como magistrada en la Corte Internacional de Justicia en el caso contra Myanmar por presunto genocidio contra los rohingya. El jurado destacó su “firme brújula moral” y su compromiso con los principios legales universales, especialmente en un escenario marcado por un aumento de conflictos armados y presiones institucionales contra la justicia internacional. Estados Unidos, que califica a la CPI de “politizada”, ha impulsado sanciones contra jueces y fiscalía del tribunal, y en la última Asamblea General de la ONU, Trump exhortó a los países a retirarse de la corte.
Contexto
Análisis: La concesión del premio ocurre en un momento crítico para el sistema de justicia penal internacional. El Comité Nobel advirtió que el derecho internacional ya no es un complemento, sino una necesidad absoluta ante los desafíos globales. Las acusaciones contra Israel y Myanmar, junto con la oposición de potencias como EE.UU., evidencian la tensión entre la aplicación de la ley y los intereses geopolíticos. Las redes sociales han registrado llamados para sancionar a Pillay, replicando acciones previas contra relatores de la ONU y organizaciones palestinas.
¿Qué sigue?
La figura de Pillay se consolida como un referente moral en la defensa de la justicia transicional, lo que podría impulsar debates en foros multilaterales sobre la independencia judicial. Su presencia en la Corte Internacional de Justicia mantendrá vigente la demanda contra Myanmar, mientras la comunidad internacional enfrenta el desafío de proteger los marcos legales frente al ascenso del unilateralismo.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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