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Zonas críticas por El Niño Costa norteCosta centroSierra surRiesgo alto: desbordes, sequía y dengue

El Niño costero ya se manifiesta con calor extremo, lluvias intensas y afectación pesquera, y se prevé un “Meganiño” en los próximos dos meses, exigiendo una respuesta coordinada y urgente de todas las esferas del Estado y la sociedad.

Según análisis de la redacción, el fenómeno climático que comenzó hace varios meses ya ha generado condiciones insólitas: temperaturas elevadas, precipitaciones anómalas en diversas regiones y la migración de especies marinas que impacta negativamente la pesca artesanal. Se estima que, con la llegada del verano y la consolidación del fenómeno global, hacia mediados de diciembre o principios de enero, el país enfrentará un evento sin precedentes en la historia republicana, superando en intensidad a los episodios registrados desde 1982-83.

Dato clave: Las autoridades anticipan desbordes en ríos de la costa norte y centro, por lo que se están ejecutando descolmataciones urgentes, aunque aún faltan recursos y planificación para abordar los impactos en salud, agricultura y energía.

El escenario exige una respuesta multisectorial y descentralizada. Aunque el Gobierno Central ha iniciado labores de prevención —como la limpieza de cauces fluviales y la elaboración de planes de evacuación—, persisten brechas críticas: la transición gubernamental regional y local —con autoridades salientes que dejarán sus cargos en noviembre— no ha garantizado la ejecución de los presupuestos destinados a prevención del riesgo climático. Además, se prevén brotes de dengue y chikunguña, pérdida de cosechas en zonas agrícolas y reducción en la generación hidroeléctrica, lo que agrava la vulnerabilidad del sistema productivo.

Contexto

El Perú ha experimentado en las últimas décadas tres episodios de El Niño de gran magnitud: 1982-83, 1997-98 y 2017. Cada uno dejó daños multimillonarios y una huella social profunda. Esta vez, la combinación de factores —como el calentamiento global, la degradación ambiental y la baja inversión en infraestructura resiliente— incrementa la exposición de comunidades enteras. Los gobiernos regionales, especialmente en La Libertad, Lambayeque y Piura, han solicitado recursos adicionales, pero los plazos para ejecutarlos son mínimos. Por otro lado, el sector privado, clave en la cadena logística y productiva, aún no ha mobilizado capacidades de respuesta colectiva, como protocolos de contingencia para transporte o almacenamiento seguro de cosechas.

¿Qué sigue?

Los próximos 60 días serán decisivos: deben consolidarse mecanismos de coordinación intergubernamental, ejecutarse urgentemente los presupuestos no utilizados y lanzar campañas masivas de prevención ciudadana. Sin una acción concertada y a tiempo, el “Meganiño” no solo será un desafío climático, sino un test de resiliencia institucional y social a gran escala.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.