El Perú enfrenta un cambio demográfico acelerado: la esperanza de vida supera los 78 años, pero solo 15 de ellos son saludables. El sistema de salud debe transformarse hacia la prevención y la continuidad de cuidados.
Según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), la esperanza de vida saludable en el país es de aproximadamente 63 años, lo que deja un gap de quince años sin autonomía funcional. El 44,3% de las personas mayores de 60 años presenta alguna discapacidad, lo que exige una reorientación del modelo asistencial, actualmente centrado en episodios agudos y no en la atención crónica.
Dato clave: El 44,3% de los peruanos mayores de 60 años vive con alguna discapacidad, lo que subraya la urgencia de una atención integral y preventiva.
La transición epidemiológica en el Perú ha dejado atrás en parte los desafíos tradicionales —como la mortalidad infantil y las enfermedades infecciosas—, pero ha dado paso a un escenario marcado por enfermedades crónicas no transmisibles. Hipertensión, diabetes, depresión y fragilidad funcional requieren un enfoque continuo, coordinado y centrado en la persona, no fragmentado por especialidades. La raíz de muchas de estas condiciones se siembra décadas antes: factores como la presión arterial elevada, el sobrepeso o la inactividad física se acumulan desde los 30 o 40 años. Por ello, la intervención debe iniciarse temprano, priorizando hábitos saludables y seguimiento proactivo en la atención primaria.
Contexto
Países como Japón, Corea del Sur y Chile ya han implementado reformas estructurales para adaptar sus sistemas al envejecimiento: redes comunitarias de cuidado, seguros públicos de largo plazo y programas de prevención en atención primaria. En contraste, el sistema peruano sigue altamente segmentado, con deficiencias en coordinación, escasez de personal especializado en geriatría y escasa integración entre niveles de atención. La OCDE advierte que esta fragmentación limita la eficacia y equidad del sistema frente a la creciente demanda de cuidados crónicos y paliativos.
¿Qué sigue?
El Perú debe fortalecer la atención primaria, formar profesionales en enfoque geriátrico integral, desarrollar cuidados domiciliarios y establecer mecanismos de financiamiento para servicios de largo plazo. Además, es clave medir no solo la actividad asistencial, sino también la preservación de la autonomía y calidad de vida. La tecnología, como la inteligencia artificial y dispositivos de monitoreo remoto, puede ser un aliado estratégico para mejorar la gestión y continuidad del cuidado.
📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.
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