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Exportaciones chinas de autos (millones)12020320216202292023122026↑ 1100% en 6 años

México aplicó aranceles a más de mil productos chinos para proteger su industria de la sobreproducción estratégica de Pekín, tras una caída histórica en su mercado interno y el desplome de ventas automotrices.

En enero de 2026, el gobierno mexicano impuso aranceles a importaciones de países sin tratado de libre comercio —una medida encubierta dirigida a China—, tras solicitudes de su sector industrial y sindicatos. La acción se enmarcó en la renegociación del T-MEC, aunque fue impulsada internamente por preocupaciones reales sobre la invasión de productos chinos subvencionados. En un año, México pasó de ser el principal destino de autos chinos a ocupar el cuarto lugar, salvaguardando no solo la producción automotriz, sino también la de autopartes, muchos de ellos en manos de empresas nacionales.

Dato clave: Las exportaciones chinas de automóviles crecieron de 1 millón en 2020 a 12 millones proyectados para 2026, superando el mercado total de Europa (11 millones).

El fenómeno no se limita al sector automotriz: China registra una caída del 23% en ventas internas de vehículos entre el primer trimestre de 2025 y 2026 —equivalente al mercado entero de Japón—, sin que ello genere cierres de planta ni despidos masivos, gracias al respaldo estatal. En cambio, las empresas chinas externalizan su sobrecapacidad mediante prácticas como precios inferiores al costo, moneda artificialmente devaluada y subsidios gubernamentales, presionando a competidores extranjeros. Brasil y Rusia ya habían aplicado medidas similares ante la amenaza desindustrializadora, mientras México se suma a esta estrategia defensiva.

Contexto

La industria brasileña, pese a ser pilar del poder económico nacional, enfrenta una amenaza creciente: el candidato Bolsonaro ha señalado que podría eliminar aranceles al acero chino, lo que según un análisis de Citibank preparado por Gerardo Barra, pondría en riesgo una de las pocas industrias pesadas estratégicas del país. Esto evidencia una contradicción estructural en América Latina: la presión por abrirse al comercio global chino choca con la necesidad de preservar capacidades productivas nacionales. En ese escenario, México se erige como un caso de política industrial soberana, donde la decisión económica se subordina a la defensa del empleo y la base productiva local.

¿Qué sigue?

Se espera que otros países latinoamericanos reevalúen sus políticas arancelarias frente a la estrategia exportadora de China, especialmente en sectores con alta capacidad instalada pero frágil rentabilidad. El éxito de la medida mexicana en preservar empleos y cadena de valor local podría servir de modelo, aunque su replicabilidad depende de la capacidad institucional y de negociación de cada nación. La lección es clara: la soberanía industrial no es una opción, sino una condición necesaria para la estabilidad económica y social.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.