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Ciudadanos exigentesPrioridades reales sobre etiquetas

El electorado latinoamericano está mostrando un creciente hartazgo hacia las ideologías tradicionales, priorizando resultados concretos sobre etiquetas políticas y castigando tanto a gobiernos de izquierda como de derecha por la ineficacia.

Tras años de alternancia entre modelos progresistas y liberales, la región experimenta una transformación más profunda: una crisis de credibilidad institucional que ha erosionado la confianza en los partidos y los discursos doctrinarios. En países como Chile, Argentina, Brasil y Perú, los resultados electorales recientes —como los triunfos de Gabriel Boric en 2021, followed by his decline in 2023 polls, or the 2024 Brazilian runoff— reflejan un rechazo al statu quo más que una adhesión ideológica clara. La desaceleración económica, la inflación persistente y la debilidad del Estado en prestaciones básicas han intensificado esta frustración.

Dato clave: Según encuestas regionales de Latinobarómetro 2023, el 62% de los ciudadanos considera que los gobiernos no cumplen sus promesas, y el 58% prioriza la eficiencia sobre la ideología.

Este fenómeno no es simplemente un giro a la derecha, como se ha etiquetado superficialmente, sino una redefinición de las expectativas ciudadanas: se exige seguridad, empleo digno, inversión sin obstáculos burocráticos y un Estado que funcione. La polarización ideológica ha perdido fuerza ante la urgencia de soluciones prácticas. En este contexto, los líderes que logran despegar no necesariamente representan un nuevo alineamiento político, sino una respuesta a la demanda de gobernabilidad real. La historia reciente muestra que cuando los resultados no llegan —ya sea bajo gobiernos socialistas o liberales—, el descontento se vuelve genérico y transversal.

Contexto

Análisis: La desconfianza institucional se ha profundizado tras la pandemia, que expuso la fragilidad de los sistemas de salud, educación y seguridad social. En Paraguay, la victoria de Santiago Peña en 2024 se explicó en parte por la promesa de estabilidad económica, mientras en El Salvador, la popularidad de Nayib Bukele —aunque controvertida— refleja una aceptación ciudadana a soluciones autoritarias si generan resultados tangibles. Las reacciones de los partidos tradicionales han sido mixtas: algunos intentan adaptarse con renovación de liderazgos, otros persisten en discursos obsoletos, lo que acelera su irrelevancia. El sector privado, por su parte, exige mayor previsibilidad para invertir, lo que añade presión sobre los gobiernos para entregar políticas efectivas.

¿Qué sigue?

Las próximas elecciones en Colombia (2026), México (2024 ya pasó) y Bolivia (2025) serán pruebas cruciales para medir hasta qué punto el electorado rechaza no solo a la izquierda, sino también a una derecha que no logre entregar crecimiento inclusivo. Lo que está en juego no es solo una alternancia, sino la posibilidad misma de reconstruir un pacto social basado en resultados, no en promesas. El ciudadano ya no se enamora de los proyectos: los somete a prueba, y si fallan, los descarta.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.