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Ruta gasoducto Camisea II CamiseaCandamoLimaArequipaConexión pendiente desde 2000

El vencimiento del contrato de Camisea I en 2036 y la progresiva caída de producción amenazan el abastecimiento de gas natural, que hoy abastece más del 40 % de la generación eléctrica nacional.

Según análisis de El Comercio, el gasoducto TGP —que transporta el gas de Camisea a la costa central— enfrenta vulnerabilidades estructurales, como lo demostró una reciente interrupción que, aunque resuelta con rapidez, evidenció la fragilidad del sistema. Con el contrato actual llegando a su fin en 2036, la producción comenzará a declinar años antes, y sin una decisión inmediata, el país podría quedar sin gas en apenas 9 años.

Dato clave: El proceso para asegurar un nuevo abastecimiento —desde la toma de decisiones hasta la puesta en marcha de infraestructura— requiere al menos 7 años optimistas.

Camisea I, operativo desde 2004, transformó la matriz energética peruana: permitió la expansión del gas natural en hogares (como GLP en balones y gas por cañerías), transporte, industria y, sobre todo, generación eléctrica. Además, generó miles de empleos directos e indirectos e impulsó una red de distribución, almacenamiento y logística. No obstante, el proyecto original —concebido ya en 2000 bajo el gobierno de Alberto Fujimori— contemplaba una expansión hacia el sur del país, que aún permanece pendiente. Hoy, con la presión del agotamiento programado del contrato y los riesgos crecientes en la infraestructura existente, esa conexión se vuelve estratégica, no solo para el Sur, sino para toda la seguridad energética nacional.

Contexto

Análisis: La dependencia del gas natural es creciente y estructural, pero el marco contractual y la falta de inversiones preventivas ponen en jaque la continuidad del suministro. Expertos advierten que, sin un plan claro y ejecutado con celeridad, el Perú podría enfrentar cortes crónicos, alzas en precios y retrocesos en descarbonización. El sector industrial y eléctrico ya muestra inquietud, mientras el gobierno debe equilibrar intereses privados con necesidades públicas. La ausencia de una visión a largo plazo, sumada a la lentitud en procesos licitatorios y ambientales, agrava el riesgo.

¿Qué sigue?

Se impone la urgencia de lanzar Camisea II: una conexión directa entre Camisea y Candamo hacia el sur, que permita diversificar rutas, ampliar cobertura y fomentar usos industriales de sus derivados. El gobierno debe acelerar licitaciones, garantizar inversiones en infraestructura y definir un marco regulatorio que incentive la seguridad del suministro. La ventana de oportunidad se cierra rápido: lo que no se decide hoy, se pagará caro mañana.


📰 Publicado originalmente en El Comercio. Este contenido ha sido reescrito con fines informativos.